La Asociación Española de El Trébol, fundada en 1901, se mantuvo vigente durante cuatro décadas al cabo de las cuales se extinguió sin ningún ruido, como un fuego que se apaga solo.
De sus fundadores quedaban muy pocos, la colectividad se había diluido al integrarse y amoldarse a las nuevas características de la sociedad local y el propósito mutual que había sido una de sus motivaciones iniciales había encontrado cauce en otras instituciones.
Dejaba, sí, una sala teatral sin parangón en la localidad y que descuella en la región por las características y ornamentaciones de que está dotada, producto de laboriosos y hábiles artistas y artesanos como Hermenegildo Goicoechea, uno de los responsables de su decoración interior.
Con una masa societaria menguada y sin posibilidades de sostener las actividades por sí mismos, los últimos directivos de la institución decidieron ceder el lugar a empresarios particulares para que lo siguieran explotando.
Así ocurrió, en particular por su función como sala cinematográfica, hasta que en 1945 el Club Trebolense, que ya venía alquilando el inmueble, decidió comprarlo.
Le dio nuevo impulso hasta fines de los 80, cuando otras demandas del quehacer institucional hicieron que también fuera perdiendo protagonismo.
Fuera de algún ocasional espectáculo, el salón se utilizaba para la tradicional cena aniversario del club y poco más, entre esto último como lugar de entrenamiento y práctica de algunos deportes bajo techo como el basquetbol.
Este uso, poco adecuado para sus características, derivó en el deterioro de la yesería de sus palcos y en un cada vez mayor descuido en el de por sí costoso mantenimiento.
Finalmente, urgido por otros requerimientos, el club puso el lugar en venta y ante la posibilidad de que fuera demolido o reconvertido para otros fines, con la pérdida que ello supondría, en 1992 lo adquirió el municipio, que en sucesivas etapas lo restauró, lo dotó de nuevas capacidades y le incorporó instalaciones que rescatan su rica historia como el museo Memoria del Subsuelo, que permite conocer las entrañas del teatro y efectuar un recorrido por la larga senda transitada desde su construcción hasta el presente.